jueves, 23 de junio de 2011

When I'm 64- The beatles.

Estaba sentada en la cocina de la abuela. Para variar se había encargado de que mi plato se encontrara a rebosar ¿Por qué es que las abuelas solo piensan en darte de comer? No lo entiendo. -A lo mejor en tus tiempos estaba bien tener estos gorditos abuela -le dije. -Pero no en los míos.  

Completamente inútil. Terminé tragándome todo, que a decir verdad estaba delicioso. De un tiempo acá pasar mis tardes en casa de los abuelos era común, por lo que también era común esperar que un par de kilos se asomaran en mi estómago en un par de días… los esperaba con ansías para comenzar a pellizcarlos y a decirles cuánto los odiaba. A veces me quejaba con mi abuelo, le decía –Por favor ¡Nadie normal come tanto! Anda abuelo, dile algo ¡Dile! ¡Dile! –Pero era nuevamente inútil. Él se limitaba a sonreírnos a ambas y a comerse su también repleto plato.

Él abuelo y la abuela son tan diferentes. Muchas veces me pregunté cómo es que terminaron juntos y por increíble que parezca no se pelean absolutamente por nada. No sé si sea porque mi abuelo hace todo lo que la abuela le pide, tal vez ese sea el trato, tal vez de jóvenes firmaron un tipo de acuerdo… O tal vez solamente le gusta complacerla, mi abuela es una anciana muy feliz, aunque a la hora de la comida se ponga roñosa. Mi abuelo también es feliz, es un viejito bastante peculiar diría yo, siempre se la pasa arreglando cosas pero su pasión es el jardín. Nunca había conocido a  alguien tan enamorado de un montón de cosas verdes. Me sorprende que no se amarre a un árbol cada vez que lo talan.

Pero lo que más me sorprende de ellos es que son tan cursis, o bueno no sé si eso sea normal en viejitos como ellos. Salen a cenar, se dan regalos de san Valentín, salen a bailar con sus otros amigos viejitos e incluso van al cine. Aún se dicen “te amo”, es increíblemente tierno e increíblemente cursi. A veces empiezan a darse besitos en frente de mí, lo cual es bastante perturbador, así que solo me volteo y sigo comiendo, es un círculo vicioso, un plan macabro de la abuela para engordarme.

Un día, la abuela estaba sentada tejiendo alguna cosa que esperaba no fuera para mí, esos suéteres tejidos a mano pican y no se ven muy bien, en fin la abuela tejía mientras el abuelo leía no se qué de unas vacaciones en no sé dónde. Y entonces se me ocurrió preguntarles. Le dije – Abuela ¿Cómo es que ustedes dos se llegaron a casar? ¡Son muy diferentes! ¿Y por qué siguen siendo tan –evite decir la palabra cursi – mmm románticos, tan –evite decir “como de mi edad” para no darles a entender que estaba viejitos – mmm atentos?.  Ambos se quedaron pensativos un buen rato. Y rieron al unísono.

-Bueno… -aquí va mi nombre pero prefiero no decirlo – así como lo vez, tu abuelo era un joven bastante necio. –El abuelo levantó la cara del panfleto de viajes y sonrió, indicándole a la abuela que podía proseguir con la historia. Ése viaje parecía interesante porque el abuelo no me prestó mucha atención.  –Sí, no le dije que sí hasta la tercera vez que me propuso matrimonio.

Me quedé perpleja. ¿Quién se iba a imaginar que la abuela le había dicho que no dos veces? No yo, por supuesto? Inmediatamente me bajé del sillón y me puse a los pies de la abuela, acomodándome en su regazo, quería estar completamente atenta a la historia.

- ¿Por qué abuela? –le pregunté.

-Bueno, pues como tu bien dijiste somos muy diferentes, además el hombre me ponía los pelos de punta, era desordenado y no podía cuidar ni una triste planta. –Mi única reacción fue voltear a ver al abuelo con una cara de qué te paso, porque como ya les dije el abuelo es el próximo candidato a presidente de green peace. El abuelo se rió de mi expresión y dijo:

-¿Es tan difícil de creer? Era un joven aventurero, que vivía al día. Lo único constante en mi vida era tu abuela. Nunca había estado más enamorado, y mira que novias no me faltaron.

Definitivamente la situación se estaba poniendo super rara, no se ustedes, pero cuando veo a mis abuelos es como si siempre hubiesen sido así, viejitos, vulnerables, con unas reglas de moral más exigentes que las de dios… escuchar de cuando eran jóvenes me parece tan extraño.

-¿Entonces como fue que te convertiste en el jardinero fiel? –le pregunté. Esta vez respondió mi abuela.

-Yo también lo amaba. Pero nadie en su sano juicio se casaría con un hombre que cambiaba de trabajo cada vez que dejaba de sentir pasión por lo que hacía. Y no me sentía muy atraída por el hecho de que la única cosa viviente en su casa (un pez) haya muerto de inanición a la semana, eso no me decía que fuera a ser muy buen padre. Yo soñaba con la vida de ama de casa, con tener la comida lista en la mesa cuando mi esposo llegara del trabajo, con críar a mis hijos… no con, bueno.. Indiana Jones.

-Y me lo dijo, la primera vez que le propuse matrimonio. Yo lo interprete como que quería domesticarme así que decidimos que no había nada más que hacer. –Incapaz de formular pregunta alguna, dejé que el abuelo continuara su relato. –Con el paso de los días, me di cuenta de que me faltaba algo, y no era el pez. Tu abuela era lo único bueno en mi vida, bueno de verdad, quiero decir vivir al día era muy emocionante, tuve muchas experiencias increíbles, pero nada de eso se comparaba con ella. Así que fui a buscarla, nuevamente con el anillo en el bolsillo. Y volvió a decirme que no. Me dijo que me amaba, pero que no veía un futuro conmigo y me cerró la puerta en la cara.

Volteé a ver a mi abuela un poco enojada, y entonces ella dijo:

-El amor podrá ser lo más importante en este mundo, pero un matrimonio y una familia necesitan estabilidad por parte de los padres… y tu abuelo no me parecía estable.

El abuelo la interrumpió.

-Pasé algunos días molestó con ella. No entendía qué quería de mí. Si no le gustaba mi forma de ser entonces por qué me amaba. –En este punto estuve completamente de acuerdo con él - Dejé que el tiempo pasará, volví a mis aventuras. El cadáver de pancho (el pez) seguía en la pecera, y vivía ignorando el vacío que sentía. A veces me sorprendía a mi mismo escribiéndole una carta, a decir verdad escribiéndole docenas de cartas…

Casi lloro si, soy muy chillona y qué. Me conmovió el pensamiento de mi abuelo solo con su pez muerto.

-Y entonces me di cuenta de que la única aventura que quería vivir, la quería vivir con ella. Una vida junto a tu abuela es la mayor y mejor aventura que haya tenido jamás…

Definitivamente lloré. Y mi abuela también, se miraron el uno al otro con tanto amor.
-Entonces volví a buscarla, otra vez con el anillo en la mano. Pero antes limpié un poco mi casa, compre un nuevo pez (Lola), e incluso compré una planta. La cuidé durante un par de semanas y decidí que sería bueno llevarla con tu abuela, por si acaso..

-Se apareció en mi puerta con una planta y yo pensé que se había vuelto loco, pero no cerré la puerta y escuché lo que tenía que decirme.

-¿Qué te dijo abuela? –interrumpí emocionada.

-Pues, me dijo que sabía que yo pensaba que era un inútil y un rebelde sin remedio, pero que podía serme útil, que podía cambiar los focos de la casa, prender un par de velas cuando se fuera la luz… me dijo que probablemente tendría que dejarlo afuera un par de noches hasta que entendiera que irse de parranda no estaba bien, me dijo que ya tenía otro pez y que si podía cuidar una planta. Me prometió un jardín y me dijo que si le decía que sí las únicas aventuras que viviría las viviría a mi lado.

-Y entonces me dijo que sí –dijo el abuelo contento.

-¿Por qué abuela? –le pregunté.

-Bueno porqué, mientras me pintaba toda una vida juntos me di cuenta que no me imaginaba con nadie más, y que de cualquier manera seguiría amándolo, con o sin su planta.


Esa tarde, resultó que el tejido de la abuela si era para mí, y que mis abuelos se irían a una cabaña en no sé donde a vivir su nueva aventura. Fue un alivio para mí, porque le daría tiempo a mi cuerpo de comerse los mil kilos de comida antes de que la abuela regresara. Nunca había escuchado de alguien pidiéndole matrimonio a alguien con una planta, sin duda alguna mis abuelos no eran normales.

lunes, 20 de junio de 2011

Guardian Angel -Lovex

La miraba, al principio con curiosidad. Se preguntaba que hacía una chica como ella en un lugar como ése. Si quería pasar desapercibida, evidentemente no lo lograba. No hablaba con nadie. Era grosera con algunos, con otros incluso mantenía una conversación… a veces se arrepentía de haberla iniciado y empezaba a hablar de cosas que sabía los alejarían. Como a los otros, su presencia comenzaba a molestarle, si no quería estar ahí ¿Por qué demonios no se iba? o ¿Por qué estaba ahí en primer lugar? De cualquier forma, con todo y la irritación que sentía a veces, siguió observándola en silencio.
Ultimamente llovía mucho. Llovía por las mañanas, por las tardes y generalmente en las noches el cielo ya estaba despejado. A ella le gustaba la lluvía o eso creía el, porque jamás se cubría de ella… caminaba tranquila como si la lluvía no la tocase en absoluto. A veces se cubría el cabello con el gorro de la chamarra negra, pero siempre se cubría el rostro con el cabello negro ondulado. La gente ya no le ofrecía llevarla a casa, ni compartir el paraguas, en realidad ya nadie se molestaba en hablarle, era inútil. Perfecto, ella así lo prefería.
Pasaron los días e increíblemente seguía lloviendo, uno que otro día se asomaba el sol por ahí. Con el tiempo, el descubrió que su único y nuevo pasatiempo era observarla… a veces se descubría a sí mismo dibujando bosquejos de su rostro. Jamás se había acercado a ella lo suficiente como para develar el misterio oculto tras el cabello… ni había intentado hablarle, por lo que no conocía tampoco el sonido de su voz, así que sus dibujos y sus observaciones  eran por mucho, lo único que tenía de ella. Se preguntaba de qué color serían sus ojos, si su nariz sería chata, respingada o de esas narices de loro, tal vez así lo fuera y por eso no se quitaba el cabello de la cara, o tal vez el cabello le caía naturalmente y a ella no le importaba, y sus labios… ¿Serán rosados y delgados, rojos y carnosos o tal vez rosados y carnosos o rojos y delgados? Particularmente los prefería rosados y delgados…pero no muy delgados. Entonces, de unos simples bosquejos en un cuaderno, pasó a dibujarla detalladamente, al principio la disfrazó de miles de rostros, pero con el tiempo eligió su favorito: ojos verdes ¡Pero no cualquier verde!.. un verde que a él le gustaba, nariz respingada, bonita.. Y naturalmente los labios rosados y delgados, daban ganas de besarlos. Los dibujaba cerrados e inexpresivos, los dibujaba curvados en una breve sonrisa y los dibujaba abiertos… en una sonrisa hermosa y perfecta.
De tanto observarla, comenzó a aprender a leer sus movimientos y a entender el significado de esos gestos que la mayoría ignoraban. Aprendió a distinguir su caminar tranquilo de su andar furioso y triste… el primero solía ser más lento y armonioso, un poco distraído tal vez. Aprendió que no era la lluvía lo que le gustaba, sino el poder confundir sus lagrimas con ella, entonces no le gustaba que la vieran llorar ¿Pero porqué lloraba tanto? Necesitaba saber… También aprendió que el cabello no le caía naturalmente en la cara y rogó por que la razón no fuera una nariz de loro, a veces se cubría rápidamente al sentirse avergonzada o al reírse un poco, aunque esto último no sucedía a menudo, era como ver el sol en esos días… raro e irrepetible. Y ella también dibujaba ¿Qué? No lo sabía… pero la veía rayando aquí y allá, alternando matices negros, blancos, grises y rojos… a veces un poco de azul, la veía difuminando con sus dedos blancos por el papel. Y siempre, siempre la veía con los audífonos puestos… amaba la música. Y él la amaba a ella. Había llenado todo un cuaderno con sus dibujos, y cada dibujo era más parecido a ella, porque cada vez captaba más su esencia, una escancia triste que parecía desvanecerse, que parecía estar pendiendo de un hilo.
¿Por qué estaba tan triste? Evidentemente algo muy malo le había pasado y sufría mucho ¿Pero por qué? Se moría de ganas por saberlo. Quería ayudarla, quería decirle que podía contar con él, que con gusto caminaría todos los días bajo la lluvia junto a ella, que incluso se llevaría el cabello a la cara, que no hablaría con nadie, de cualquier forma últimamente nadie hablaba con él, no sabía desde cuando, pero así era. No le importaba, si no podía captar la atención de ella, no le veía el caso a tener la atención de alguien más.  Pero ella no volteaba, pasaba de largo incluso cuando se había arriesgado lo suficiente para pasar junto a ella… pero nada. Ni si quiera una mirada esquiva. En su cuaderno empezó a dibujar escenas de ella y él. Imaginando como sería cuando por fin se conocieran, fantaseando con el sonido de su voz y el estruendo de su risa… se llenaba de felicidad de sólo pensar que todo ello podía y sería real algún día.
Y ese día llego, no porque el lo decidiera así, sino porque ella volteó… lo miró a los ojos. Y el, extasiado pues eran del verde que le gustaba, se acercó a ella sin pensarlo. Ella se estremeció bajo la lluvía, exhalando algo de vaho.. se alejó de él llorando y mientras se alejaba algo se cayó de su chamarra. Él, confundido y algo triste lo recogió, así al menos tendría una razón para volver a intentarlo mañana. Lo guardó rápidamente en su bolso, no quería que la lluvia lo estropeara por completo. Al día siguiente se acercó a ella, completamente decidido, vio que quería huir de nuevo, pero la tomo del brazo y le entregó el papel. Ella le preguntó si lo había abierto y el sinceramente, le dijo que no. “Abrelo” le dijo y entonces se descubrió mirándose a sí mismo dibujado en el. Asombrado, sacó el cuaderno de dibujo de su mochila y se lo mostró. Ella hojeó las páginas con muda emoción al mirarse cual reflejo en cada una de ellas ¿Cómo sabía de qué color eran sus ojos, o la forma de su nariz? ¿Cómo sabía tanto sobre ella, si jamás habían cruzado palabra?

Eres perfecta para mí. Le dijo él a ella. Y ella, sonriendo como en los dibujos del cuaderno, le contestó que él también lo era.

Han pasado unos cuantos días desde entonces. Ya no llueve, tal vez un poco en las noches, pero es raro que suceda. Y ellos, cada noche se acuestan soñando el uno con el otro… tal vez un día vuelvan a coincidir, como aquel sueño en el que se conocieron.Y ahí estaba observándola de día y tratando de infiltrarse en sus sueños de noche, solo así podía tenerla cerca, solo así podía amarla para siempre. 

Desde aquel sueño ella ya no llora, incluso habla con algunas personas, el siempre supo como cuidarla... como ayudarla, él siempre la hacía sentir mejor.  Ella no sabía que los ángeles soñaban… hasta que él se apareció en su mente llenándole la noche de dibujos. No es sencillo estar enamorado de un ángel, antes solía estar vivo y solía dibujarla en persona, cuando mueren, los ángeles olvidan toda memoria de su vida en la tierra. Aunque el le juró que estaría siempre con ella, que hallaría la forma, que hallaría el momento.


jueves, 16 de junio de 2011

Mi muñeca - Panda

Todo lo que necesites sólo yo lo puedo dar, todo lo que tu quieras yo lo tengo.

Pues... ojala tuvieras un par de ojos, porque yo ya no veo bien.

En fin...


Hace mucho tiempo que dejaron de ser importantes. Ya nadie juega con ellos, ya nadie los voltea a ver siquiera.  Los juguetes de madera y las muñecas de trapo ya no le interesan a nadie, ni si quiera al dueño de la tienda, quien fue reemplazándolos poco a poco. Al pasar el tiempo muchos fueron a dar a la basura, o a las cajas de colecta de la iglesia, pero algunos pocos se quedaron rezagados entre los autos de carrera y las barbie, entre los juegos de mesa y las consolas de videojuegos. 
Y ahí estaba, atado a sí mismo un títere de madera. No tenía rostro, pues el tiempo y las termitas se lo habían borrado y los hilos que alguna vez le movieron se habían fundido en telarañas. Sus extremidades estaban cubiertas de polvo, y aún así lo sentía. Cada vez que el sol entraba por la ventana iluminándola sentía fuego en su interior, podía no tener ojos, pero aún así la veía porque era hermosa, porque era su muñeca. El títere estaba enamorado de una muñeca de cristal, una bailarina que melancólica lloraba añorando los días en que las niñas la veían moverse... Y el títere se moría por dentro, hirviendo de amor, se moría de ganas de correr hacía ella y consolarla, se moría de ganas de sacarla del olvido, se moría de ganas de huír con ella. Se moría por gritarle, por decirle que el tenía todo lo que ella quería, que podía darle todo lo que necesitaba...

"Necesitas un abrigo, entre mis manos estarás, necesitas un camino, yo lo pinto"

Pero no podía, y su muñeca seguía llorando. El títere creía que un día el amor que le tenía vencería los  límites de lo real, que algún día se levantaria sin necesidad de los hilos, que un par de labios aparecerían en su rostro para decirle a su muñeca cuanto la amaba, pero no. 

Un buen día la muñeca volvió a bailar. El dueño de la tienda la encontró por casualidad y presionó el botón de la caja de música. Funcionaba. La muñeca bailaba y sus mejillas brillaban. ¿Porqué sigue llorando? Se preguntaba el títere confuso...

"Mi muñeca está llorando, pero yo no sé porqué.. ¿Será que no me quiere...? No me quiere..."

Entonces, la música terminó y la muñeca dejó bailar. El dueño de la tienda la miró con desdén, estaba apunto de meterla en una caja, cuando un par de niños entraron corriendo. El dueño se sorprendió y accidentalmente dejó caer la muñeca al suelo. La muñeca se rompió en mil pedazos de cristal. 

Y el títere observó en silencio como su muñeca se fragmentaba, la rabia fue llenando el vacío que sentía... y se movió. Nadie manipulaba sus hilos. El titere se movió hasta el final del estante donde se hallaba escondido y se dejó caer... llegó hasta el suelo junto a un fragmento del rostro de la muñeca, junto a sus ojos...

"Mi muñeca está llorando, pero yo no sé porqué.. ¿Será que no me quiere...? No me quiere..."

A little piece of heaven -Avenged Sevenfold

Hice un esfuerzo sobrehumano por cagar con su cuerpo. Yacía inerte sobre mis sábanas, cubierta de sangre de pies a cabeza, y me di cuenta de que le amaba aún más intensamente. Entonces decidí enterrarla en mi jardín, así la tendría cerca y podría vigilarla por si se le ocurría alguna otra chistosada.
Desde luego que mi intención no era asesinarla, o al menos no del modo tan brutal con el que la lleve a la muerte, para nada. Mis pensamientos iban dirigidos hacía un acto meramente romántico un “crimen pasional” lo llaman los expertos, pero dadas las circunstancias, tuve que hacerlo.  Y sé que suena como la más patética excusa y ciertamente albergo remordimiento en mi ser por haber degradado la belleza de su muerte a un acto de pura violencia, nada más que eso, pero lo hecho, hecho está y no hay vuelta atrás.
Probablemente piensen que soy un loco, un atormentado por esquizofrenia o alguna otra de esas terribles enfermedades que llenan los Hospitales Psiquiátricos, pero no; para serles franco me encuentro perfectamente bien, me siento bien, lo único que aquejaba mi espíritu está ahora cubierto de tierra, adornado por las más bellas rosas rojas de mi jardín. Puedo verla cuando quiera, sentado como lo estoy ahora, en mi sillón junto a la ventana, de espaldas a la humeante chimenea.
¿Qué por qué la maté? Ah, es una pregunta algo compleja. Yo la amaba, aún la amo y no habrá mujer capaz de despertar en mí ese sentimiento de nuevo, y por eso, porque no podía pertenecerle a nadie más que a ella, decidí que era justo que ella no pudiera pertenecerle a nadie más que a mí. ¿O no les parece eso justo? Yo creo que lo es, sin duda alguna. Entonces, me di cuenta de que ella no estaba de acuerdo conmigo, ella quería tener un mundo de posibilidades al alcance de sus hermosas y delicadas manos traicioneras, naturalmente me enoje y siendo como soy, un hombre con un temperamento digamos fuerte, no pude controlar mi ira por mucho tiempo, y estallé en el preciso instante en que la ví hablando con el vecino. ¿Qué no tiene nada de malo? Y claro que yo hablo con otras mujeres!! Pero no de aquella manera tan descarada, ese tono de voz tan dulce, lleno de insinuaciones que había entre los dos me volvía loco, créanme cuando les digo que ese tipo de locura es intolerable, entonces comprenderán que tuve que proceder de la manera en que procedí.
Mi plan era demostrarle que estábamos hechos el uno para el otro, que nuestra sangre era una sola, que nuestras almas verdaderamente se fundían cuando hacíamos el amor, que nuestros cuerpos eran uno solo y nuestra mente un universo en conjunto; pero ella estaba cegada, probablemente poseída por el demonio de la lujuria, me decía que estaba loco, me pedía que la dejase en paz, que todo entre nosotros se había terminado.
Comprenderán mi desesperación cuando descubrí que ella no quería pertenecerme, pero no se le comparó a la rabia que invadió mi cuerpo cuando me dijo que ella y el vecino habían empezado a salir. Entonces perdí la cabeza, como es de esperarse. Le hice el amor, como tantas veces antes, esperando que entendiera, se resistió y me demostró de esa manera que no había entendido nada. Entonces le corté las muñecas, y me corté el brazo, si aquí mire la cicatriz. Le mostré como nuestra sangre se fundía, como era una sola, pero ella solo se quejaba de dolor ¿Cómo podía preocuparse por algo tan efímero como el dolor en un momento tan bello, tan íntimo? Estaba loca de remate se lo juro. Seguí cortándola, por todos lados para que viera, pero no, no veía nada. Y entonces, no supe que hacer para demostrarle que nuestras almas eran una sola, no podía dejar que se fuera sin demostrarle antes eso, estoy seguro que de haberlo logrado ella lo habría entendido todo a la perfección. En fin, la amarré con trozos de sabana a la cama, y me dediqué durante horas a encontrar algún modo de mostrarle la unión de nuestras almas.
Su piel ya no era rosada, rayaba en lo pálido y entonces creí estar encontrando su alma, le hice incisiones más profundas y entonces se me ocurrió que siempre dicen que se puede ver el alma a través de los ojos, le saqué uno primero, pero no la encontré, entonces le saqué el otro y nada. Mi princesa había dejado de gritar para ese momento. Desesperado corté en el último lugar donde se me ocurrió podría haberse escondido su alma, que se rehusaba a pertenecerme, le saqué el corazón y revolví entre sus entrañas buscándosela, pero no la encontré. Entonces me di cuenta de que mi princesa había muerto y ahí encontré su esencia, entre las sábanas. Después procedí a enterrarla como ya les he comentado.
¿El corazón y los ojos? Los coloqué en su lugar desde luego, ella no podría ser igual de hermosa sin ellos ¿Cómo iba a amarme desde la muerte sin un corazón? A veces la siento, siento como se pasea delicada y sensual por mi habitación, como danza en mi cama y la escucho cantar, la escucho llamarme desde el más allá así que no señores, la muerte no me da miedo, la muerte me llevará a ella, en alma y entonces así entenderá que nos pertenecemos y estaremos juntos para siempre.