Estaba sentada en la cocina de la abuela. Para variar se había encargado de que mi plato se encontrara a rebosar ¿Por qué es que las abuelas solo piensan en darte de comer? No lo entiendo. -A lo mejor en tus tiempos estaba bien tener estos gorditos abuela -le dije. -Pero no en los míos.
Completamente inútil. Terminé tragándome todo, que a decir verdad estaba delicioso. De un tiempo acá pasar mis tardes en casa de los abuelos era común, por lo que también era común esperar que un par de kilos se asomaran en mi estómago en un par de días… los esperaba con ansías para comenzar a pellizcarlos y a decirles cuánto los odiaba. A veces me quejaba con mi abuelo, le decía –Por favor ¡Nadie normal come tanto! Anda abuelo, dile algo ¡Dile! ¡Dile! –Pero era nuevamente inútil. Él se limitaba a sonreírnos a ambas y a comerse su también repleto plato.
Él abuelo y la abuela son tan diferentes. Muchas veces me pregunté cómo es que terminaron juntos y por increíble que parezca no se pelean absolutamente por nada. No sé si sea porque mi abuelo hace todo lo que la abuela le pide, tal vez ese sea el trato, tal vez de jóvenes firmaron un tipo de acuerdo… O tal vez solamente le gusta complacerla, mi abuela es una anciana muy feliz, aunque a la hora de la comida se ponga roñosa. Mi abuelo también es feliz, es un viejito bastante peculiar diría yo, siempre se la pasa arreglando cosas pero su pasión es el jardín. Nunca había conocido a alguien tan enamorado de un montón de cosas verdes. Me sorprende que no se amarre a un árbol cada vez que lo talan.
Pero lo que más me sorprende de ellos es que son tan cursis, o bueno no sé si eso sea normal en viejitos como ellos. Salen a cenar, se dan regalos de san Valentín, salen a bailar con sus otros amigos viejitos e incluso van al cine. Aún se dicen “te amo”, es increíblemente tierno e increíblemente cursi. A veces empiezan a darse besitos en frente de mí, lo cual es bastante perturbador, así que solo me volteo y sigo comiendo, es un círculo vicioso, un plan macabro de la abuela para engordarme.

Un día, la abuela estaba sentada tejiendo alguna cosa que esperaba no fuera para mí, esos suéteres tejidos a mano pican y no se ven muy bien, en fin la abuela tejía mientras el abuelo leía no se qué de unas vacaciones en no sé dónde. Y entonces se me ocurrió preguntarles. Le dije – Abuela ¿Cómo es que ustedes dos se llegaron a casar? ¡Son muy diferentes! ¿Y por qué siguen siendo tan –evite decir la palabra cursi – mmm románticos, tan –evite decir “como de mi edad” para no darles a entender que estaba viejitos – mmm atentos?. Ambos se quedaron pensativos un buen rato. Y rieron al unísono.
-Bueno… -aquí va mi nombre pero prefiero no decirlo – así como lo vez, tu abuelo era un joven bastante necio. –El abuelo levantó la cara del panfleto de viajes y sonrió, indicándole a la abuela que podía proseguir con la historia. Ése viaje parecía interesante porque el abuelo no me prestó mucha atención. –Sí, no le dije que sí hasta la tercera vez que me propuso matrimonio.
Me quedé perpleja. ¿Quién se iba a imaginar que la abuela le había dicho que no dos veces? No yo, por supuesto? Inmediatamente me bajé del sillón y me puse a los pies de la abuela, acomodándome en su regazo, quería estar completamente atenta a la historia.
- ¿Por qué abuela? –le pregunté.
-Bueno, pues como tu bien dijiste somos muy diferentes, además el hombre me ponía los pelos de punta, era desordenado y no podía cuidar ni una triste planta. –Mi única reacción fue voltear a ver al abuelo con una cara de qué te paso, porque como ya les dije el abuelo es el próximo candidato a presidente de green peace. El abuelo se rió de mi expresión y dijo:
-¿Es tan difícil de creer? Era un joven aventurero, que vivía al día. Lo único constante en mi vida era tu abuela. Nunca había estado más enamorado, y mira que novias no me faltaron.
Definitivamente la situación se estaba poniendo super rara, no se ustedes, pero cuando veo a mis abuelos es como si siempre hubiesen sido así, viejitos, vulnerables, con unas reglas de moral más exigentes que las de dios… escuchar de cuando eran jóvenes me parece tan extraño.
-¿Entonces como fue que te convertiste en el jardinero fiel? –le pregunté. Esta vez respondió mi abuela.
-Yo también lo amaba. Pero nadie en su sano juicio se casaría con un hombre que cambiaba de trabajo cada vez que dejaba de sentir pasión por lo que hacía. Y no me sentía muy atraída por el hecho de que la única cosa viviente en su casa (un pez) haya muerto de inanición a la semana, eso no me decía que fuera a ser muy buen padre. Yo soñaba con la vida de ama de casa, con tener la comida lista en la mesa cuando mi esposo llegara del trabajo, con críar a mis hijos… no con, bueno.. Indiana Jones.
-Y me lo dijo, la primera vez que le propuse matrimonio. Yo lo interprete como que quería domesticarme así que decidimos que no había nada más que hacer. –Incapaz de formular pregunta alguna, dejé que el abuelo continuara su relato. –Con el paso de los días, me di cuenta de que me faltaba algo, y no era el pez. Tu abuela era lo único bueno en mi vida, bueno de verdad, quiero decir vivir al día era muy emocionante, tuve muchas experiencias increíbles, pero nada de eso se comparaba con ella. Así que fui a buscarla, nuevamente con el anillo en el bolsillo. Y volvió a decirme que no. Me dijo que me amaba, pero que no veía un futuro conmigo y me cerró la puerta en la cara.
Volteé a ver a mi abuela un poco enojada, y entonces ella dijo:
-El amor podrá ser lo más importante en este mundo, pero un matrimonio y una familia necesitan estabilidad por parte de los padres… y tu abuelo no me parecía estable.
El abuelo la interrumpió.
-Pasé algunos días molestó con ella. No entendía qué quería de mí. Si no le gustaba mi forma de ser entonces por qué me amaba. –En este punto estuve completamente de acuerdo con él - Dejé que el tiempo pasará, volví a mis aventuras. El cadáver de pancho (el pez) seguía en la pecera, y vivía ignorando el vacío que sentía. A veces me sorprendía a mi mismo escribiéndole una carta, a decir verdad escribiéndole docenas de cartas…
Casi lloro si, soy muy chillona y qué. Me conmovió el pensamiento de mi abuelo solo con su pez muerto.
-Y entonces me di cuenta de que la única aventura que quería vivir, la quería vivir con ella. Una vida junto a tu abuela es la mayor y mejor aventura que haya tenido jamás…
Definitivamente lloré. Y mi abuela también, se miraron el uno al otro con tanto amor.
-Entonces volví a buscarla, otra vez con el anillo en la mano. Pero antes limpié un poco mi casa, compre un nuevo pez (Lola), e incluso compré una planta. La cuidé durante un par de semanas y decidí que sería bueno llevarla con tu abuela, por si acaso..
-Se apareció en mi puerta con una planta y yo pensé que se había vuelto loco, pero no cerré la puerta y escuché lo que tenía que decirme.
-¿Qué te dijo abuela? –interrumpí emocionada.
-Pues, me dijo que sabía que yo pensaba que era un inútil y un rebelde sin remedio, pero que podía serme útil, que podía cambiar los focos de la casa, prender un par de velas cuando se fuera la luz… me dijo que probablemente tendría que dejarlo afuera un par de noches hasta que entendiera que irse de parranda no estaba bien, me dijo que ya tenía otro pez y que si podía cuidar una planta. Me prometió un jardín y me dijo que si le decía que sí las únicas aventuras que viviría las viviría a mi lado.
-Y entonces me dijo que sí –dijo el abuelo contento.
-¿Por qué abuela? –le pregunté.
-Bueno porqué, mientras me pintaba toda una vida juntos me di cuenta que no me imaginaba con nadie más, y que de cualquier manera seguiría amándolo, con o sin su planta.
Esa tarde, resultó que el tejido de la abuela si era para mí, y que mis abuelos se irían a una cabaña en no sé donde a vivir su nueva aventura. Fue un alivio para mí, porque le daría tiempo a mi cuerpo de comerse los mil kilos de comida antes de que la abuela regresara. Nunca había escuchado de alguien pidiéndole matrimonio a alguien con una planta, sin duda alguna mis abuelos no eran normales.