lunes, 20 de junio de 2011

Guardian Angel -Lovex

La miraba, al principio con curiosidad. Se preguntaba que hacía una chica como ella en un lugar como ése. Si quería pasar desapercibida, evidentemente no lo lograba. No hablaba con nadie. Era grosera con algunos, con otros incluso mantenía una conversación… a veces se arrepentía de haberla iniciado y empezaba a hablar de cosas que sabía los alejarían. Como a los otros, su presencia comenzaba a molestarle, si no quería estar ahí ¿Por qué demonios no se iba? o ¿Por qué estaba ahí en primer lugar? De cualquier forma, con todo y la irritación que sentía a veces, siguió observándola en silencio.
Ultimamente llovía mucho. Llovía por las mañanas, por las tardes y generalmente en las noches el cielo ya estaba despejado. A ella le gustaba la lluvía o eso creía el, porque jamás se cubría de ella… caminaba tranquila como si la lluvía no la tocase en absoluto. A veces se cubría el cabello con el gorro de la chamarra negra, pero siempre se cubría el rostro con el cabello negro ondulado. La gente ya no le ofrecía llevarla a casa, ni compartir el paraguas, en realidad ya nadie se molestaba en hablarle, era inútil. Perfecto, ella así lo prefería.
Pasaron los días e increíblemente seguía lloviendo, uno que otro día se asomaba el sol por ahí. Con el tiempo, el descubrió que su único y nuevo pasatiempo era observarla… a veces se descubría a sí mismo dibujando bosquejos de su rostro. Jamás se había acercado a ella lo suficiente como para develar el misterio oculto tras el cabello… ni había intentado hablarle, por lo que no conocía tampoco el sonido de su voz, así que sus dibujos y sus observaciones  eran por mucho, lo único que tenía de ella. Se preguntaba de qué color serían sus ojos, si su nariz sería chata, respingada o de esas narices de loro, tal vez así lo fuera y por eso no se quitaba el cabello de la cara, o tal vez el cabello le caía naturalmente y a ella no le importaba, y sus labios… ¿Serán rosados y delgados, rojos y carnosos o tal vez rosados y carnosos o rojos y delgados? Particularmente los prefería rosados y delgados…pero no muy delgados. Entonces, de unos simples bosquejos en un cuaderno, pasó a dibujarla detalladamente, al principio la disfrazó de miles de rostros, pero con el tiempo eligió su favorito: ojos verdes ¡Pero no cualquier verde!.. un verde que a él le gustaba, nariz respingada, bonita.. Y naturalmente los labios rosados y delgados, daban ganas de besarlos. Los dibujaba cerrados e inexpresivos, los dibujaba curvados en una breve sonrisa y los dibujaba abiertos… en una sonrisa hermosa y perfecta.
De tanto observarla, comenzó a aprender a leer sus movimientos y a entender el significado de esos gestos que la mayoría ignoraban. Aprendió a distinguir su caminar tranquilo de su andar furioso y triste… el primero solía ser más lento y armonioso, un poco distraído tal vez. Aprendió que no era la lluvía lo que le gustaba, sino el poder confundir sus lagrimas con ella, entonces no le gustaba que la vieran llorar ¿Pero porqué lloraba tanto? Necesitaba saber… También aprendió que el cabello no le caía naturalmente en la cara y rogó por que la razón no fuera una nariz de loro, a veces se cubría rápidamente al sentirse avergonzada o al reírse un poco, aunque esto último no sucedía a menudo, era como ver el sol en esos días… raro e irrepetible. Y ella también dibujaba ¿Qué? No lo sabía… pero la veía rayando aquí y allá, alternando matices negros, blancos, grises y rojos… a veces un poco de azul, la veía difuminando con sus dedos blancos por el papel. Y siempre, siempre la veía con los audífonos puestos… amaba la música. Y él la amaba a ella. Había llenado todo un cuaderno con sus dibujos, y cada dibujo era más parecido a ella, porque cada vez captaba más su esencia, una escancia triste que parecía desvanecerse, que parecía estar pendiendo de un hilo.
¿Por qué estaba tan triste? Evidentemente algo muy malo le había pasado y sufría mucho ¿Pero por qué? Se moría de ganas por saberlo. Quería ayudarla, quería decirle que podía contar con él, que con gusto caminaría todos los días bajo la lluvia junto a ella, que incluso se llevaría el cabello a la cara, que no hablaría con nadie, de cualquier forma últimamente nadie hablaba con él, no sabía desde cuando, pero así era. No le importaba, si no podía captar la atención de ella, no le veía el caso a tener la atención de alguien más.  Pero ella no volteaba, pasaba de largo incluso cuando se había arriesgado lo suficiente para pasar junto a ella… pero nada. Ni si quiera una mirada esquiva. En su cuaderno empezó a dibujar escenas de ella y él. Imaginando como sería cuando por fin se conocieran, fantaseando con el sonido de su voz y el estruendo de su risa… se llenaba de felicidad de sólo pensar que todo ello podía y sería real algún día.
Y ese día llego, no porque el lo decidiera así, sino porque ella volteó… lo miró a los ojos. Y el, extasiado pues eran del verde que le gustaba, se acercó a ella sin pensarlo. Ella se estremeció bajo la lluvía, exhalando algo de vaho.. se alejó de él llorando y mientras se alejaba algo se cayó de su chamarra. Él, confundido y algo triste lo recogió, así al menos tendría una razón para volver a intentarlo mañana. Lo guardó rápidamente en su bolso, no quería que la lluvia lo estropeara por completo. Al día siguiente se acercó a ella, completamente decidido, vio que quería huir de nuevo, pero la tomo del brazo y le entregó el papel. Ella le preguntó si lo había abierto y el sinceramente, le dijo que no. “Abrelo” le dijo y entonces se descubrió mirándose a sí mismo dibujado en el. Asombrado, sacó el cuaderno de dibujo de su mochila y se lo mostró. Ella hojeó las páginas con muda emoción al mirarse cual reflejo en cada una de ellas ¿Cómo sabía de qué color eran sus ojos, o la forma de su nariz? ¿Cómo sabía tanto sobre ella, si jamás habían cruzado palabra?

Eres perfecta para mí. Le dijo él a ella. Y ella, sonriendo como en los dibujos del cuaderno, le contestó que él también lo era.

Han pasado unos cuantos días desde entonces. Ya no llueve, tal vez un poco en las noches, pero es raro que suceda. Y ellos, cada noche se acuestan soñando el uno con el otro… tal vez un día vuelvan a coincidir, como aquel sueño en el que se conocieron.Y ahí estaba observándola de día y tratando de infiltrarse en sus sueños de noche, solo así podía tenerla cerca, solo así podía amarla para siempre. 

Desde aquel sueño ella ya no llora, incluso habla con algunas personas, el siempre supo como cuidarla... como ayudarla, él siempre la hacía sentir mejor.  Ella no sabía que los ángeles soñaban… hasta que él se apareció en su mente llenándole la noche de dibujos. No es sencillo estar enamorado de un ángel, antes solía estar vivo y solía dibujarla en persona, cuando mueren, los ángeles olvidan toda memoria de su vida en la tierra. Aunque el le juró que estaría siempre con ella, que hallaría la forma, que hallaría el momento.


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