jueves, 16 de junio de 2011

Mi muñeca - Panda

Todo lo que necesites sólo yo lo puedo dar, todo lo que tu quieras yo lo tengo.

Pues... ojala tuvieras un par de ojos, porque yo ya no veo bien.

En fin...


Hace mucho tiempo que dejaron de ser importantes. Ya nadie juega con ellos, ya nadie los voltea a ver siquiera.  Los juguetes de madera y las muñecas de trapo ya no le interesan a nadie, ni si quiera al dueño de la tienda, quien fue reemplazándolos poco a poco. Al pasar el tiempo muchos fueron a dar a la basura, o a las cajas de colecta de la iglesia, pero algunos pocos se quedaron rezagados entre los autos de carrera y las barbie, entre los juegos de mesa y las consolas de videojuegos. 
Y ahí estaba, atado a sí mismo un títere de madera. No tenía rostro, pues el tiempo y las termitas se lo habían borrado y los hilos que alguna vez le movieron se habían fundido en telarañas. Sus extremidades estaban cubiertas de polvo, y aún así lo sentía. Cada vez que el sol entraba por la ventana iluminándola sentía fuego en su interior, podía no tener ojos, pero aún así la veía porque era hermosa, porque era su muñeca. El títere estaba enamorado de una muñeca de cristal, una bailarina que melancólica lloraba añorando los días en que las niñas la veían moverse... Y el títere se moría por dentro, hirviendo de amor, se moría de ganas de correr hacía ella y consolarla, se moría de ganas de sacarla del olvido, se moría de ganas de huír con ella. Se moría por gritarle, por decirle que el tenía todo lo que ella quería, que podía darle todo lo que necesitaba...

"Necesitas un abrigo, entre mis manos estarás, necesitas un camino, yo lo pinto"

Pero no podía, y su muñeca seguía llorando. El títere creía que un día el amor que le tenía vencería los  límites de lo real, que algún día se levantaria sin necesidad de los hilos, que un par de labios aparecerían en su rostro para decirle a su muñeca cuanto la amaba, pero no. 

Un buen día la muñeca volvió a bailar. El dueño de la tienda la encontró por casualidad y presionó el botón de la caja de música. Funcionaba. La muñeca bailaba y sus mejillas brillaban. ¿Porqué sigue llorando? Se preguntaba el títere confuso...

"Mi muñeca está llorando, pero yo no sé porqué.. ¿Será que no me quiere...? No me quiere..."

Entonces, la música terminó y la muñeca dejó bailar. El dueño de la tienda la miró con desdén, estaba apunto de meterla en una caja, cuando un par de niños entraron corriendo. El dueño se sorprendió y accidentalmente dejó caer la muñeca al suelo. La muñeca se rompió en mil pedazos de cristal. 

Y el títere observó en silencio como su muñeca se fragmentaba, la rabia fue llenando el vacío que sentía... y se movió. Nadie manipulaba sus hilos. El titere se movió hasta el final del estante donde se hallaba escondido y se dejó caer... llegó hasta el suelo junto a un fragmento del rostro de la muñeca, junto a sus ojos...

"Mi muñeca está llorando, pero yo no sé porqué.. ¿Será que no me quiere...? No me quiere..."

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